PARAGUAY: TITANES EN EL RING

12.10.2012           19:00      ASUNCIÓN, PARAGUAY

José Antonio Vera

La mayor parte de los dirigentes políticos urbanos paraguayos recuerdan a la perfección el penoso espectáculo de luchadores fingiendo darse a matar en un cuadrilátero, en esa burda combinación entre comerciantes inescrupulosos y matones, intensamente mediatizada desde hace décadas por la televisión fanática de la mediocridad y el morbo, descarada violadora de la propia pantalla y de la mirada humana.

A nivel de cúpulas partidarias, lo único que se salva del merecido reproche popular es una parte, y sólo una parte, de la conducción de las organizaciones campesinas, el más importante movimiento de protesta social en este país, que desde hace medio siglo continúa perdiendo luchadores bajo las balas de la policía y los cuerpos especiales militarizados, por reclamar alguna parcela de tierra para alimentarse.

La tentación de los cargos ha seducido a casi todas las figuras más visibles, y lo que hasta hace pocos años era una vergüenza protagonizada por colorados y liberales, en este último tiempo se trasladó a las filas progresistas y de izquierda, con enorme beneficio para el Partido Colorado que aprovecha ese renunciamiento a los principios de dignidad, para intentar recuperarse de su derrota electoral de abril del 2008 frente a la Alianza Patriótica para el Cambio, que llevó a Fernando Lugo a la Presidencia.

El coloradismo, muertos sus últimos caudillos, está en manos de los dueños del dinero que permite su actividad, sobresaliendo el empresario Horacio Cartes, denunciado desde varios sitios como capo del narcotráfico, quien aparece con más posibilidades de ganar las internas el mes próximo y lograr que el cavernario aparato lo catapulte a la postulación presidencial, terminando con la división y las escandalosas peleas con sus adversarios.

A los liberales, ensoberbecidos desde que asaltaron el gobierno, y que andaban jugando con un solo candidato, el Senador Efraín Alegre, ex ministro destituido por Lugo porque priorizaba su proselitismo personal sobre su labor en el gobierno, y que es un privatista confeso a disposición del empresariado nacional, les apareció un escollo interno inesperado y que podría aparejar un fuerte debilitamiento de su campaña.

El legendario Domingo Laíno, cabeza de las protestas populares contra la tiranía estronista en la década del 80, y la figura política paraguaya que más pone la cara en defensa de las revoluciones cubana y venezolana, decidió a último momento inscribir su candidatura para disputar en las internas de diciembre, la postulación a la presidencia del país. Su esposa, en cambio, se ofrece para vice de Mario Ferreiro, desprendido esta semana del Frente Guasu, del que se llevó buen porcentaje de adherentes y se lanza independiente.

Esa coalición, un instrumento unitario en construcción, formado hace dos años y medio por 18 siglas democráticas, progresistas y de la inusual izquierda paraguaya, ha entrado en un peligroso deslizamiento a causa de la disputa por la postulación a los cargos parlamentarios y al de Presidente de la República, en una pelea de elevado nivel de agresividad e insultos soeces que mezcla buenas intenciones con una irresponsable improvisación, gran pobreza ideológica, y desmedida ambición de poder.

Hasta los últimos días, el Senador Sixto Pereira, mandamás del fraccionado Partido Tekojoja, y Ferreiro, un exitoso maestro de ceremonias y comunicador, sin militancia política conocida, se peleaban por el primer puesto de presidenciable, contestes en que Fernando Lugo encabezara la lista a Senadores, no por generosidad sino para que no se le ocurriera aspirar también al primer puesto, dado que hay juristas que sostienen que podría hacerlo porque no terminó su mandato. La Constitución prohíbe la reelección para un segundo período, pero éste quedó inconcluso.

Parte de la decantación previsible se produjo en los tres últimos días. Ferreiro va por su cuenta y el Movimiento Paraguay Resiste, que lidera Lugo, lo acusó de golpista, al tiempo que Tekojoja sintió que ello favorece la candidatura de Pereira, y el exmandatario, en una reacción aparentemente emocional, sintiéndose traicionado, anunció que se presentará a la elección presidencial, a sabiendas de que “esta Corte de Justicia lo impedirá”.  

No hay un solo partido, ni una sola central sindical, cuya actividad priorice la búsqueda de solución para los tres millones de paraguayos (la mitad de la población) en situación de pobreza, con el 40 por ciento sin percibir un mínimo de ingreso diario, y más de la mitad de ellos comiendo de la basura, sin empleo, sin tierra, sin techo, sin que el Estado le reconozca su derecho a alimentarse todos los días y a dormir en una cama.

Los servicios de salud, que el Gobierno de Fernando Lugo había decretado su gratuidad en los hospitales públicos, en su más importante medida de política social en sus cuatro años, a pocas semanas del golpe parlamentario que lo destituyó, comenzaron a retornar a la abyecta realidad de que el enfermo que no tiene dinero difícilmente recibirá la atención que necesita, víctima de los coimeros que hay en los centros asistenciales y en el Estado.

El momento social, político y económico de este país mediterráneo de Suramérica, está muy complicado, con un gobierno de facto que sirve a la angurria de la oligarquía interna y de los capitales transnacionales que operan con los transgénicos y la megaminería, con sede en Estados Unidos, Canadá e Inglaterra, tres potencias que casualmente constituyen el mayor sostén político, diplomático y militar, del grupo que derrocó a Lugo.

Analistas, incluso de derecha, algunos nacionales moderados, pero muchos extranjeros formados en culturas políticas democráticas, coinciden en que el parlamento paraguayo es de los menos moralmente aceptables en el mundo, con cuatro decenas de senadores y ocho de diputados, de los cuales más de cien buscan su reelección, pagando grandes sumas de dinero para comprar puestos en las listas para el 21 de abril próximo.

El Tribunal Superior de Justicia Electoral es un antro de tres eternos e inamovibles ministros que sólo representan a los dos viejos partidos, el colorado y el liberal, y que hacen y deshacen lo que más les plazca con los padrones, durante la preparación de cada sufragio y en los cómputos finales, sumándose ese cuerpo descontrolado a una Suprema Corte de Justicia autista, eterna servidora de los sectores enemigos del pueblo.

Hace década y media, la Comisión Verdad y Justicia, integrada por representantes de diversos medios sociales, concluyó una investigación de cuatro años, e hizo entrega de una voluminosa documentación al Ministerio Público, que prueba que ocho millones 500 mil hectáreas están ocupadas ilegalmente por terratenientes que nunca pagaron nada por ellas, fruto de su pertenencia a la cúspide tiránica cívico-militar comandada por el General Alfredo Strossner entre 1954 y 1989.

Alrededor de 300 mil familias de labriegos viven como parias, a la orilla de las estancias, reclamando una reforma agraria que debería comenzar con un Catastro Nacional de Tierra que permita recuperar las propiedades fiscales mal habidas y proceder luego, ajustado a la ley, a una redistribución que comience a poner fin a tanta injusticia.

En algunos casos hay sentencias a favor del retorno de campesinos a las tierras propias que debieron abandonar por el agresivo acoso, incluso con capangas, de las grandes empresas sojeras, pero la ausencia del Estado, la indiferencia de los diferentes poderes y la corrupción de funcionarios que deben aplicar las decisiones, hace que en todos los bordes de las rutas del país se observe a cientos y miles de familias esperando la solución.

La paciencia se va acabando, incluso entre los pueblos originarios, que han decidido cerrar rutas y paralizar ciertas zonas chaqueñas, a partir de 200 kilómetros al norte de Asunción, territorio mayormente ocupado por colonias menonitas, donde muchos indígenas trabajan explotados sin misericordia, bajo el rótulo de personas inferiores.

Campesinos sin tierra, organizados en la nueva modalidad de Comisiones Vecinales, algo autónomos del fraccionado Movimiento de Carperos, continúan llegando a Asunción, donde acampan desde hace una semana en la vieja estación del abandonado ferrocarril, y algunos han comenzado una huelga de hambre frente al Parlamento.

Visiones de extremo antagonismo. El lujo de las grandes escalinatas del palacio que dan hacia el Río Paraguay, atrae una mirada de agrado, pero ésta es interrumpida por el miserable rancherío vecino y los cuerpos campesinos acostados en la vereda, en actitud de espera alerta y de cuyas bocas, las pocas que se abren ante periodistas y otros curiosos y personas que llegan a expresar solidaridad, las escasas palabras que salen permiten interpretar que la paciencia se está acabando entre esos excluidos del mínimo diario.

“El hambre recorre nuestros ranchos, es mucho más grande que aquí, duele ver la miseria en nuestros hijos; ya no podemos soportar más, por eso estamos aquí, y miles van a llegar con la decisión de permanecer hasta encontrar solución para nuestras familias simples de campesinos sin tierra, y sin ella no tenemos vida”, comentó Federico Ayala, apoyado en su sola pierna, porque la otra la perdió por picadura de yarará, durante un desalojo policial, hace unos 10 años. Es de Ñacunday, una de las tierras usurpadas por un fuerte empresario y dirigente colorado, que el 15 de junio fue escenario del asesinato de una docena de campesinos y de cinco policías, pretexto montado para someter a juicio político a Lugo.

Federico Franco, Médico y Presidente legal pero ilegítimo, dice que en Paraguay se puede vivir con 300 dólares por mes, comiendo tortillas de soja (8.000 los parlamentarios, entre ellos su esposa, y 15 mil su cuñada que nombró consejera de la Binacional Hidroeléctrica de Itaipú), y su correligionario y candidato a la presidencia de la república, Efraín Alegre, propone el consumo de mandioca como alimento suficiente.

Frente a tanta insensibilidad y pequeñez mental, es fácil comprender cómo mantiene tanto peso en la política nacional el exGeneral Lino Oviedo, renegado colorado, condenado a prisión por participación en el asesinato del Vicepresidente Luis Argaña y de ocho jóvenes en marzo de 1999. Aliado a Franco, en estos tres meses ha conseguido colocar gente suya en varios organismos del Estado, Consejeros en el Banco Central y también en el de Fomento, domina la presidencia del Senado y ha tomado aliento para postularse a la presidencia, en una campaña que comenzó con unos 50 retratos con su cara, en distintas poses, de 10 metros de alto por cuatro de ancho, colocados en el frente de la lujosa sede de “su” Partido Unace.

En medio de tanto exabrupto, un lapsus linguae resultó una confesión que releva de pruebas y que, en cualquier otro país, daría pie para un juicio político y hasta un proceso judicial. El Senador Miguel Carrizosa, del Partido Patria Querida, una de las fuerzas mancomunadas para derrocar a Lugo, reconoció días atrás que en Paraguay se produjo un golpe de Estado, cuando intentó de nuevo defender al gobierno y rechazar el ingreso de Venezuela al Mercosur. Como empresario está acusado por militantes populares de suministrar las camionetas que utilizaba la tiranía estronista para reprimir y secuestrar opositores. Es un hombre ducho.

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