El plan de annan o nada

04.06.2012    10:30   DAMASCO
 
 
Jorge Gómez Barata
 

Sin sutilezas, la embajadora norteamericana ante la ONU, Susan Rice advirtió que, debido al bloqueo de Rusia y China a las maniobras de su país en el Consejo de Seguridad, Estados Unidos podría operar contra Siria al margen de la organización. La posición revela un ángulo predecible en la estrategia global: si la ONU no sirve a los intereses hegemónicos norteamericanos, es prescindible. De paso, una acción así socavaría la influencia en la política mundial que Rusia y China deben al privilegio del veto.



En 1945, cincuenta estados, casi la mitad de ellos latinoamericanos, fundaron la Organización de Naciones Unidas, de la cual fueron excluíos los vencidos (Alemania, Italia, Japón y otros). El hecho fue posible debido al consenso entre las tres grandes potencias vencedoras en la Segunda Guerra Mundial (Estados Unidos, la Unión Soviética e Inglaterra) en una época en que colaboraron estrechamente para derrotar a Hitler. Al trío vencedor, con menos meritos, se sumaron China (entonces lo que hoy es Taiwan) debido a su participación en la guerra contra Japón y Francia, nadie sabe exactamente por qué.
 
El proyecto comenzó a fallar, por una parte porque la muerte inesperada de Roosevelt permitió que Churchill manipulara a Truman y desencadenara la Guerra Fría y de la otra porque el debut de unos cincuenta estados afroasiáticos liberados del colonialismo y conducidos por líderes nacionalistas que desconfiaban de Estados Unidos, se sumaron a la organización, introduciendo matices que no habían sido previstos.
 
No obstante, la ONU sobrevivió a la Guerra Fría porque, al margen del conflicto Este-Oeste, durante algunos años, persistió el espíritu de avenencia forjado en la lucha contra el fascismo, porque se trataba de un foro mundial respetable que podía ser eficaz en ciertos asuntos de la política mundial y porque era útil para Estados Unidos, como “policía del mundo” y le servía de instrumento para aplicar sus políticas. Por su parte la Unión Soviética apoyó a la organización debido a que el veto le confería capacidad negociadora y relevancia internacional extraordinarias.
 
No hay que ser excesivamente listo para percatarse que, la ONU tal como fue concebida y diseñada por Franklin D. Roosevelt, Winston Churchill y Stalin ha dejando de ser funcional y que si bien para Rusia y China es todavía rentable, para Estados Unidos se ha convertido en un obstáculo. La amenaza de la embajadora entraña un claro mensaje para Rusia y China que han sido avisadas de que Estados Unidos no está dispuesto a perder en la mesa del Consejo de Seguridad la hegemonía que ha conquistado en los planos económico y militar.
 
La pregunta del momento no es si Estados Unidos y la OTAN pueden o no intervenir en Siria al margen de la ONU, sino si Rusia y China, que poco podrían hacer ante una decisión semejante, estarían dispuestas a arriesgar sus respectivas posiciones políticas en defensa del régimen de Bachar al-Assad.
 
Ante las pretensiones norteamericanas se levanta el plan de Kofi Annan que procura la paz a partir de la avenencia entre las partes y las soluciones políticas, cosa que favorece a Rusia y China cuyo peso especifico, al menos en este caso, emana de la posibilidad de vetar las resoluciones inconvenientes, cosa que terminará en el momento en que no haya nada que vetar. En cualquier caso se trata de una carrera contra el tiempo en la cual el pueblo sirio siempre pierde. Allá nos vemos.

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