EL DIA DESPUÉS DEL NEOCACEROLAZO EN BUENOS AIRES

21.09.2012         23:00     

 

Eduardo Lucita (LA ARENA)

Las movilizaciones del jueves 13 de septiembre por la noche han desatado una serie de controversias, incluso entre sus críticos más acérrimos. Cómo caracterizarlas, quiénes las integraron y cuáles fueron sus contenidos, son los ejes de ese debate.

En nuestra América latina los cacerolazos, herramienta de protesta privilegiada por las capas medias, han estado históricamente asociados a la derecha pinochetista que jaqueó sin pausa al gobierno de la Unidad Popular del presidente Salvador Allende hasta derrocarlo. Precisamente se acaba de cumplir en este septiembre un nuevo aniversario de aquel golpe, tan cruel como sangriento, que pusiera fin a la vía chilena al socialismo.

Aquel rol de las cacerolas fue resignificado en Argentina cuando la revuelta plebeya del 19 y 20 de diciembre de 2001 y en innumerables jornadas posteriores, cuando el lema "Piquete y cacerola...", las presidía.

Las capas medias de la sociedad, que se hicieran escuchar en aquellas experiencias han vuelto a ocupar el centro de la escena en el país la semana pasada. La densidad y extensión geográfica sorprendieron al gobierno que solo atinó a respuestas defensivas. Se discute la cantidad de personas involucradas, aunque hay consenso que al menos aquí hubo menos gente que la que se concentrara en 2004 cuando la convocatoria de Juan Carlos Blumberg por la problemática de la inseguridad. No es discutible en cambio que las cacerolas regresaron, pero que su contenido cambió.

Contexto general

Esta nueva expresión política de las capas medias y altas urbanas no tuvo un catalizador como lo fue la Resolución 125 por las retenciones móviles en el año 2008, pero no se da en el vacío, sino en el marco de una disputa entre distintas fracciones de la burguesía y el capital. A la cual se suma el descontento creciente de sectores populares, de trabajadores en negro, de clase media empobrecida.

Se trata de una relación contradictoria entre el gobierno nacional, sectores del capital mercado internista y del progresismo político que pugnan frente a fracciones exportadoras, corporaciones transnacionales, conglomerados mediáticos formadores de opinión y la oposición derechista

La movilización fue caracterizada por sus propagandistas y comentaristas varios como espontánea. No han tenido en cuenta que la espontaneidad es siempre relativa. Puede forzarse su asimilación a este concepto porque no respondió a formas clásicas de convocatoria, no tuvo liderazgos claros y visibles, no evidenció representatividad alguna ni respondió a organizaciones definidas.

Convocatoria

Pero no puede obviarse que era convocada desde inicios del mes por las redes sociales -cuyo poder, como en los Indignados de España, en La Primavera Arabe o los Occupy Wall Street volvió a demostrarse- que fue apoyada por diferentes diputados de la oposición y por la Iglesia y divulgada por medios de comunicación masiva con Clarín y La Nación a la vanguardia.

Esta "espontaneidad" no solo fue organizada y convocada sino que se dio en el marco de la disputa que señalamos más arriba, y en la que quienes participaron -concientes o no- tomaron partido.

Como sabemos las capas medias de la sociedad, especialmente las medias y bajas, tienden a un movimiento pendular -son numerosas las muestras de su volatilidad en nuestra historia- pueden servir al movimiento obrero y popular, como pueden ser correas de transmisión de los intereses de las clases dominantes. Es esto último lo que ha pasado ahora y por lo que mutaron aquella impronta progresiva del 2001-2002 por la regresividad actual.

Contenidos de clase

Esa regresividad se expresa en los contenidos políticos que mostraron un abanico de causas. Entre otras: inseguridad y corrupción (que atemorizan y ofuscan a diversos sectores de la sociedad); el uso de la cadena nacional (que obturó el horario de las novelas y sacó del aire a Tinelli y sus bailantes); las amenazas a la libertad de prensa (por la próxima entrada en vigencia del artículo del la Ley de Medios que obliga a la desinversión de los conglomerados mediáticos); controles cambiarios (que condicionan viajes, limitan la capacidad de ahorro y acentuaron el control fiscal de los patrimonios de los que mas tienen); el Indec (que miente); la re-reelección (que rompe el juego de la "alternancia" democrática); junto con lo que la columnista de La Nación, Beatriz Sarlo, calificara como "El lenguaje del odio" utilizado en Facebook y Twitter contra los "Planes descansar" o la "Asignación para coger" (sic).

En última instancia la concentración puso en escena lo que distintas vertientes del pos-modernismo hacen ingentes esfuerzos en ningunear. Que la sociedad argentina, como toda sociedad capitalista, es una sociedad de clases. No se trata de excomulgar a las clases medias como un todo, pero el carácter de sus hechos y movilizaciones lo definen su orientación y los intereses que expresan, por más que puedan haber participado también algunos sectores medios y de trabajadores del conurbano.

Resistencia al populismo

Es esa orientación la que puso en evidencia la persistencia de las resistencias de este sector al populismo. A sus medidas distribucionistas, por mas tímidas que sean; a la protección del mercado interno, contrario al libre comercio que pregonan la OMC y el establishment; a su estatalismo a medias , a su antiimperialismo limitado, no exento de contradicciones y rispideces; a su latinoamericanismo, que incluye la Unasur y relaciones privilegiadas con Venezuela, Bolivia, Ecuador... Lo asimilan al chavismo, que a estas alturas ya es sinónimo de comunismo.

No por nada, estuvieron ausentes en las movilizaciones los reclamos de los trabajadores y sectores populares. Nada se dijo de la carestía de la vida y de los monopolios formadores de precios; de la pérdida de puestos de trabajo; de la precarización laboral; de la desnacionalización de la economía; del salario familiar; de los mínimos no imponibles; del trabajo en negro... Mucho menos de los hechos de Humahuaca por apropiarse de terrenos; de los 60 presos de la Panamericana por reclamar por planes sociales; de la represión a los jubilados cordobeses; de la represión en Chaco ese mismo día; del acoso a los pueblos originarios o del Curso sobre Seguridad Nacional que en el Ministerio de Defensa acaba de impartir un veterano de Vietnam, que por si fuera poco cumplió funciones en el país durante la dictadura militar. Nada de esto parece estar en las preocupaciones de los caceroleros del jueves 13.

Más allá de la coyuntura

El neo-desarrollismo en curso está siendo condicionado por la crisis mundial y sus propios límites. Sostenerlo en el tiempo demandará trascender esos límites, lo que inevitablemente recreará las tensiones sociales y políticas en el marco del bonapartismo "sui géneris" que intenta la presidenta.

En la medida en que las contradicciones se agudicen exigirá definiciones políticas claras. En este sentido el reciente neocacerolazo es un llamado de atención al gobierno pero sobretodo para los trabajadores y sectores populares, incitándolos a su intervención política.

Como cuando la Resolución 125 o la Ley de Medios, la izquierda y la centroizquierda han tomado posicionamientos políticos contradictorios. Algunas fracciones apoyaron decididamente las movilizaciones, otras las rechazan pero nuevamente entienden que se trata de una disputa interburguesa en la que nada tienen para hacer. Otros sectores, como es de suponer, apoyan sin mediaciones al gobierno interpelado.

Programa popular de reformas

Para quién esto escribe no se trata de subsumirse detrás de alguna de las fracciones en pugna, tampoco de abstenerse, sino por el contrario de comprender que los trabajadores y los sectores populares no son indiferentes a como se resuelva la disputa en curso.

Por lo tanto se trata de intervenir afirmando la independencia política, aunque circunstancialmente se esté apoyando medidas propuestas por fracciones burguesas o pequeño burguesas, estén o no en el gobierno. Al mismo tiempo que se enfrenta a la derecha se debe ofrecer otro camino para romper la encerrona.

Se trata de proponer un programa popular de reformas y transformaciones que en su desenvolvimiento expresen sin ambigüedades una orientación y objetivos antiimperialistas y anticapitalistas. La única salida realista de la encrucijada que se vislumbra es ir por más, en la protección de los salarios, de las libertades públicas, de los derechos sindicales, del ambiente y los bienes comunes, de los pobladores originarios, sumando las voluntades de quienes quieran sinceramente transformar de raíz nuestra sociedad.

Eduardo Lucita es integrante del colectivo EDI-Economistas de Izquierda-

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